6 de diciembre de 2007

LOS MOLINOS INCLINAN SUS ASPAS REVERENTES

AL ULTIMO QUIJOTE LA VIDA LE ARRANCA SU LANZA No hay dolor fraterno mas fuerte, que el saber que un hermano tiene que abandonar la pelea antes del último round. No me lo puedo imaginar, sin su eterna armadura. ¿Quién está con él en esta hora?, si siempre sobrellevó su lucha solo, siendo Quijote y Sancho al mismo tiempo, contra todo y contra todos, siempre solo, estando al lado de todos los que le necesitaron, sin pedir nada a cambio y siempre, siempre solo. Su entrega a su causa le privó de la vida, de esa tal como todos mal o bien conocemos, su Mamá y su trabajo, mejor dicho Coca- Cola, fueron sus adicciones más puras, a ellas resignó su propio vivir, lo hizo por y para ellas, a pesar de sus enormes inquietudes culturales, políticas y espirituales, desde sus chamanes andinos, a lo mas under de nuestra cultura, y a su firmeza ideológica, las que iba acumulando en un costadito de su alma, para algún día poder dedicarle aunque más nos sea unos minutos.
Era un placer escucharlo hablar sobre este mundo, que él veía desde la ventana del suyo, sensato, sensible, informado, sapiente, inteligente, pero eso era efímero, en cuentagotas, en una distracción, porque enseguida volvía a su responsabilidad, la que él entendía no merecía que le robara esos, para los privilegiados escuchas, sublimes instantes. No creo que haya mucha gente que lo conociera en toda su dimensión, y los que nos adjudicamos ese honor de ser sus amigos, creo que tampoco supimos demasiado de él, pues siempre tuve la sensación que cada vez que abría su alma y me mostraba cosas nuevas suyas, seguía guardando allí dentro muchísimas más. Su esmirriada figura y su contumaz tozudez en la discusión de lo que él creía su verdad, lo hicieron injusto blanco de vilipendios y bromas, las que sobrellevó con hidalguía inaudita, sin jamás reaccionar contra su agresor de turno. Muchísimas veces, mas de las imaginables, recibió y bancó en silencio reproches y acusaciones sobre cosas en las que el no tenía la culpa y jamás le sacó el cuerpo, sino que las asumió como propias, salvándole el pellejo a alguno que tal vez se lo merecía, pero que en la mayoría de los casos no. Bueno, humano, fraterno, solidario, amigo, justo y quizás mil cosas mas, no alcanzarían para definirlo totalmente.
A mí me gustaría resumirlo en HERMANO. Entre tanta tristeza y frustración, rescato que este fin de año, en la reunión que hacemos con todos y cada uno los que convivimos en Premium, junto con sus familias, se me ocurrió invitarlo, nostalgia?, no lo sé, Daniel hace 20 años tuvo un gesto maravilloso conmigo, de hidalguía, desprendimiento, en suma de Daniel, que si bien yo no hice uso de la generosa oportunidad, que supo brindarme, igualmente cambió mi vida para siempre y como le estoy y estaré eternamente agradecido, tuve ganas de homenajearlo con todos los Premiums; habíamos alquilado las instalaciones de un club por todo un día y allí la horda usufructuó todo lo que tenía a su alcance, y él con un diario debajo del brazo, se acercaba de tanto en tanto a mirar alguna de aquellas actividades por un rato, disfrutaba y se volvía a sentar a la sombra a mirar el mar y leer. Cada vez que estuvimos juntos y no fueron pocas, me decía “Gracias Berna, por este momento que me permitiste vivir con este grupo increíble de Premium y su familia”. A la hora del almuerzo y en las acostumbradas palabras de balance y augurios que son dables decir, le expliqué a mi gente por qué me había tomado el “atrevimiento” de haber invitado a alguien que no fuera de Premium a esa, su reunión y los aplausos espontáneos con que fue refrendada mi explicación, lo conmovieron intensamente y yo me senti feliz, porque quería poder hacerle llegar todo el afecto, agradecimiento y admiración que le profesaba y la manera elegida le llegó profundamente. Una vez repuesto, les habló con un sentida emoción, reconociéndoles Por lo que eran profesionalmente y por lo humano que le trasmitían en Cada oportunidad de las cientos en que había trabajado circunstancial.-
Mente con ellos, y que refrendaban con este recibimiento en su intimidad, el grupo quedó impactado, con ese otro Daniel, que ahí apenas iban a poder empezar a conocer.
Al promediar la tarde, cuando las actividades arreciaban, pidió un choricito picado mas, se lo comió en silencio con su entrañable Coca- Cola Regular, como le gustaba decir, y su eterno pucho entre los dedos, dobló el diario, se lo puso abajo del brazo, me dio un abrazo enorme, me dijo “Gracias de nuevo por esto Berna” y en silencio se fue, seguramente a ver a su madre. Gracias flaco por compartir conmigo el sentimiento que nuestras batallas eran contra los mismos molinos y por sobre todo por ser siempre autenticamente vos mismo. Bernabé Setiembre 2007