Como siempre El Bosch se mete en mi vida, como perico por su casa. Entra sin llamar, pero disculpándose: ¨Disculpame, mi viejo, sé que a esta hora estarás descansando, pero bueno necesito hablar contigo. No quiero molestarte en tu casa, pero resulta que dicen que me agarré y me morí, pero yo digo que no es cierto.¿ Cómo me voy a morir? No tuve tiempo de vivir, así que menos tengo tiempo de morirme. Es real, aunque los médicos de Casa de Galicia hayan dado por liquidado el asunto, te digo que es real: no puedo morirme. Aunque a veces esté cansado, con ganas de perderme entre la gente, de cremar mis pobres huesos y dejarme llevar por el viento de La Pedrera¨. Ayy, ya sé que no podés morirte, bo Bosch, rompebolas, tenaza, obsesivo, tu batallador de primera línea, extraño pájaro con forma humana. ¿ Qué te vas a morir? Ni en joda, que hay mucho por hacer, no hay tiempo, ni siquiera para tomar un café, para hablar de Lao Tsé y de un materialismo dialéctico, menos parroquial. No hay tiempo. No hay tiempo. Ni siquiera para morirse en paz. No hay tiempo. ¨Es real¨, dice el Flaco Bosch y me deja esta mochila de su blog. Así sea, una vez me has ganado con tu insistencia.
27 de noviembre de 2007
26 de noviembre de 2007
20 de noviembre de 2007
Diario El Pais
Daniel Bosch Álvaro J. Amoretti | Montevideo |"Se nos fue Daniel Bosch. Y con él se llevó una forma de ser, de sentir y de vivir el trabajo y las responsabilidades tan abrumadora como irrepetible. Se nos fue un gran profesional. Un obsesivo de la tarea bien hecha. Un alquimista del detalle. Un trabajador compulsivo que entregó hasta su último latido por los clientes para los que vivía. Un emprendedor nato, al que ya herido de muerte uno escuchaba hablar de los nuevos proyectos a encarar y de los nuevos desafíos a vencer. Se nos fue un gran tipo. Una de esas personas que siempre estaba del otro lado cuando uno lo necesitaba. De las que ponía el oído, la mente y el corazón cuando alguien le planteaba un problema o le solicitaba un consejo. Un hombre en toda la dimensión de la palabra. Se nos fue Daniel Bosch. Y con él se ha extinguido una raza de uno. Hoy nos abruma el dolor. Pero siempre habrá que agradecer el privilegio de haber podido transitar parte del camino junto a un ser humano tan simple como extraordinario".
18 de noviembre de 2007
A VECES LAS PALABRAS NO SABEN LO QUE PASA
Carveriana a Daniel Bosch Suárez hay miserias humanas que pasan por el ojo de una aguja mínimos flecos filamentos míseros de las luces que se apagan en medio de las luces “de todo lo que brilla en la ciudad” detrás de las pisadas de los ángeles hay un dolor monótono y tedioso sentado en la mesa de un bar donde las moscas se embriagan en la gota de vino y el silencio es un cráneo desnudo donde ni el cuervo canta qué demonios podría arder en el subsuelo de todos los subsuelos en el desagüe de todas las alcantarillas donde la muerte que se muere con las manos cruzadas se acomoda en un sillón aterrizado como un viejo aeroplano carver y su lente pasan a través del ojo de la aguja clavada en las carnes del mundo.
